La aventura de la santidad: imágenes de una vida audaz

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ondaQueda exactamente un mes para la Beatificación de Álvaro del Portillo, que celebrará el Cardenal Amato, en representación del Papa Francisco, el 27 de septiembre en Madrid.

La vida de Álvaro (1914-1994) demuestra especial atractivo para personas de todo el mundo que admiran su audacia, su capacidad de trabajo y su fidelidad. Su trayectoria les recuerda la clave del verdadero “éxito”: poner el talento al servicio de los demás.

Para contar esta vida fascinante, la Asociación Memoria de Álvaro del Portillo ha organizado la exposición “Un Santo en datos” que ha recorrido España, empezando por Navarra, y siguiendo por Granada, Sevilla, Vigo, Alicante y Oviedo.

Después de un breve paréntesis en agosto, la exposición podrá verse en Zaragoza (1-8 de septiembre), Madrid (del 11 al 28 de septiembre) y terminará su periplo en Barcelona donde podrá verse del 2 al 12 de octubre. La exposición es noticia en sí misma por su creatividad y valor cultural.

Marshall McLuhan explicó en su célebre frase que el medio es el mensaje. “Un santo en datos” es importante por qué dice pero también por cómo lo dice. El diseño de espacios y paneles de la arquitecta Loreto Spa, la infografía de Javier Errea, las fotos de Guadalupe de la Vallina y los textos coordinados por Pablo Pérez, Catedrático de Historia Contemporánea, crean una experiencia de gran interés. Como en las grandes orquestas, aquí la calidad de cada instrumento hace que brille más la armonía del conjunto. En todo caso, toda narración necesita buenos contenidos y la vida de nuevo beato es contenido de primera.

En estas líneas no es posible agotar una personalidad que demuestra numerosos aspectos de interés. Recorriendo los vídeos y paneles de la exposición, el público se asoma a la biografía asombrosa de una persona siempre atenta a impulsar por doquier iniciativas solidarias y educativas. Así, no se preocupaba sólo por lo que tenía que hacer, sino que ayudó (a escala global) a hacer cosas por los demás a muchas otras personas. Sus logros resultan impresionantes y la exposición los relata a fondo, dejando espacio para que los espectadores le conozcan mejor.

Los públicos valoran la audacia y sentido de aventura que guiaron la existencia de Álvaro del Portillo, que sabía que se pueden tomar decisiones para toda la vida. Como la que tomó en 1935, cuando tras asistir a un retiro predicado por san Josemaría, pidió la admisión en el Opus Dei. En sus propias palabras, “cambió mi vida por completo, de forma rapidísima”. También resulta atractivo el prestigio que alcanzó en todas las actividades que realizó, en ámbitos tan variados como la Ingeniería, la Historia o el Derecho Canónico.

Dotado de una mente preclara, era un trabajador competente e infatigable, pero siempre humilde, afable y servicial. Como le gustaba decir, sólo quería ser la “sombra” de san Josemaría. En este sentido, Alfonso Sánchez-Tabernero en la presentación de “Un santo en datos” en la Universidad de Navarra, señaló como el “mayor regalo que nos hizo era ser cómo era”.

En un mundo donde faltan principios y referencias estables, Álvaro del Portillo nos recuerda que el valor de las relaciones se mide por su fidelidad. En palabras de san Josemaría: “me gustaría que le imitarais en muchas cosas, pero sobre todo en la lealtad”.

La biografía de los santos tiene una onda expansiva que resulta difícil de prever. Les sucede como a las piedras cuando se lanzan en ríos y lagos. Cuanto mayor es la roca, mayor resulta su difusión en ondas concéntricas. La vida del futuro beato tiene gran densidad e impacto. “Un santo en datos” ayuda, con muy buen gusto, a seguir difundiendo su amable ejemplo y su figura, de modo que la “sombra” emerge con más claridad.

Viendo la exposición y conociendo más al personaje se comprende algo mejor la magnitud del momento histórico que vamos a vivir. Se entiende por qué decenas de miles de personas de todo el  mundo han reservado ya su plaza en Madrid para la Beatificación y la Acción de Gracias (27 y 28 de septiembre).

Álvaro del Portillo nos hace mucho bien: por eso somos muchos los que, además de agradecerle tantas cosas, queremos hacer eco a su persona y su legado. La onda expansiva no ha hecho más que comenzar.

Francisco Pérez Latre 

 

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