Luz y curvas en la sala del IESE en Barcelona

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El Campus Norte del IESE tiene muchas curvas y mucha luz. La luz fue un pequeño inconveniente a la hora de instalar la exposición, que resalta más en un entorno oscurecido; las curvas, en cambio, conformaron un entorno especialmente armónico.

Allí ha estado durante diez días, del 1 al 11 de octubre. Han pasado unas tres mil personas por el hall en que se hallaba la exposición, entre los participantes en programas, los alumni y la gente que trabaja en el IESE.

Don Álvaro no visitó esa sede, que no estaba construida, ni el Campus Sur durante los años en que fue Gran Canciller de la Universidad de Navarra (de la que el IESE forma parte), entre 1975 y 1994. Sí que estuvo en el IESE de Madrid, en 1992, y había visitado anteriormente el de Barcelona acompañando a san Josemaría Escrivá.

Sin embargo, durante los años 1975-1994 siguió muy de cerca, según el dean Jordi Canals, la evolución del IESE. “Impulsó nuestros proyectos en África, América Latina y Europa del Este; nos alentó a crecer en investigación y en la generación de nuevas ideas, en desarrollar una visión de la empresa y de la dirección de empresas acorde con la dignidad de la persona humana y en promover iniciativas con gran impacto social”.

Según explica el propio IESE, estas son algunas de las sugerencias de Álvaro del Portillo que se han llevado a cabo:

  • Una línea de investigación sobre antropología positiva de la persona en la dirección de empresas;
  • Investigaciones en el campo de la creación de empleo;
  • Impulso a la responsabilidad social de empresas y empresarios y de políticas de equilibrio trabajo-familia;
  • El programa de formación de profesores de países emergentes a través del (International Faculty Program);
  • Y la creación y desarrollo de escuelas de dirección en países de África, América Latina, Asia y Europa.

En la inauguración de la exposición, Jordi Canals contó tres anécdotas más. En 1985, don Álvaro quiere secundar la preocupación de Juan Pablo II por Europa y anima al IESE a actuar; un programa en Bruselas es la consecuencia y el inicio de la expansión internacional del IESE. Años más tarde, Juan Pablo II le comentó a don Álvaro que tenían que seguir ayudando a las escuelas de América Latina, por el bien de esos países, y de ahí se amplió la colaboración del IESE a escuelas de África. En el año 1993, don Álvaro les recordó que ante Dios tenía la misma importancia el trabajo de un profesor de Harvard que el de cualquier empleado.

Carlos Cavallé, director general del IESE ente 1984 y 2001, escribe sobre el beato Álvaro en la Revista de Antiguos Alumnos: “Textualmente me dijo “lo que tenéis que hacer en el IESE es poner sentido cristiano de la vida en todo””. Y más adelante recuerda lo que escribió el 23 de febrero de 1992 en el libro de firmas del campus del IESE en Madrid: “El IESE ha nacido con muchísimo garbo, para contribuir a la formación integral de los empresarios. Con gran cariño doy gracias a Dios por todo lo que aquí veo: la realidad de una tarea amada y bendecida por el fundador del Opus Dei y de la Universidad de Navarra, de la que el IESE es una facultad”.

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